Error, versión beta

'Error, versión beta'. Foto: María Teresa García
‘Error, versión beta’. Foto: María Teresa García

 

 

Idea, dirección y código coreográfico: Juan Luis Matilla
Dramaturgia: Alberto Cortés.
Asistencia Artística: Natalia Jiménez y Rocío Guzmán
Cuerpo de baile: Ellavled Alcano, Ana G. Morales, Laura Morales, Elisa del Pozo y Silvia Balvín.
Música: Rocío Guzmán, Bárbara Sela y Javier Mora.
Iluminación y responsable técnico: Benito Jiménez.
Vestuario: Ellavled Alcano
Voz en off: Anna Jonsson
Comunicación: Olga Beca
Artwork: Daniel Alonso
Fotografía y vídeo: María Teresa García Silva.

Agradecimientos: Asociación PAD, ciclo Vertebraciones, Milena Cord-to-Krax, Alejandra Fernández, Macarena Mendoza, Esther Moreno, Marisol Sánchez Navarro, Marta Balparda, Rocío Menéndez, Juan Antonio Gilabert (Campe), Zoé Desquesnes y Carmen Mori.

Código abierto de improvisación conducida desarrollado por Mopa, en colaboración con Telegrama Cultural, y producido por el ICAS.

Sinopsis

‘Error, versión beta’, además de una propuesta escénica es una forma de trabajar la improvisación a través de la dirección de un cuerpo de baile contemporáneo formado por 5 bailarinas, un intérprete de iluminación y un ensemble con flautas, contrabajo, guitarra, percusión y voz.

Siguiendo la senda del sounpainting e inspirado por Za!, La Orquesta del Caballo Ganador o el Proyecto Cobra de John Zorn, Juan Luis Matilla, desarrolla un código abierto pensado para dirigir la danza, la música y la iluminación a través de una serie de gestos e indicaciones pactados de antemano con los participantes.

Una propuesta en la que la improvisación se basa en cinco formas de bailar según su nivel de tensión, y pautas que se refieran a quién, espacio, tiempo, relación y situaciones,  generando un lenguaje que permite al coreógrafo, al que vemos en escena, jugar con el movimiento, la luz y el sonido. Este juego no busca el acierto escénico, más bien desea el error, busca la belleza del terror, cuestiona desde la diversión. Un código para jugar sin ganar.

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“Este código es además lo suficientemente sencillo como para poder dirigir en poco tiempo. Formar parte de los intérpretes, requiere más tiempo y práctica. Es, además, lo suficientemente rico como para poder llegar desde el juego a todos los recovecos que nos imaginemos.

La conducción en la improvisación ofrece un liderazgo permanente, con el director en escena, que permite construir y componer, al tiempo que pone al intérprete en una situación de automática irreflexibilidad espontánea, sin decisiones que tomar, donde la acción precede al pensamiento. El juicio y la tensión desaparecen, la mente se halla libre y se aceptan los movimientos como son, tomando prestadas las palabras de Timothy Gallwey. Thomas Hauert, es la principal referencia de danza, por su manera de construir los objetivos en la improvisación, también van encaminados en el camino de poner la mente y el cuerpo en un estado similar.

Con aspiraciones universales, inspiradas en Bobby McFerrin cuando cuenta que en cualquier parte del mundo cuando juega con el público con las escalas pentatónicas lo entienden y le siguen, este código aspira hacer una división en cinco niveles de tensión que describa la danza con un carácter pop, más que enciclopédico. Las consecuencias que se deducen de cada nivel derivan en maneras de  moverse, construcciones dramáticas, maneras de tocar y de iluminar. La combinatoria y la creatividad del conductor definirán la amplitud de posibilidades que se derivarán de este código.” Juan Luis Matilla

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“El cuerpo del bailarín está educado para vencer.
Cuando la fórmula se invierte nace el Código Error: estrategias que desactivan el acierto y posibilitan la diversión del fracaso. Pienso en un Código que ofrece la vulnerabilidad de los cuerpos, que desmonta las imposiciones hasta que aparece el niño, salvajes que regresan al juego de las cavernas hasta que casi olvidan que están siendo observados.

La estrategia da lugar a un tipo de cuerpo; algo que pone el foco de atención en la concentración y la disponibilidad al director, un cuerpo disponible desde el pensamiento que exuda concentración y que no busca resolver la escena. Lo interesante es saber que estos bailarines y músicos son más que un conjunto de marionetas, también son decisiones personales, variantes, rebeliones, cortocircuitos secretos.

La pieza no persigue un objetivo. Los bailarines y los músicos se pierden continuamente, la sensación de “aquí y ahora” es demasiado contundente como para pensar en ir más allá. El terror aparece y  lo abrazan rápidamente;  es como abrazar con toda tu fuerza con los ojos cerrados o lanzarte a una piscina sin saber si está llena o vacía. Y entonces, por arte de magia, el objetivo de lo que estamos haciendo se manifiesta sin querer y le grita al público: fracasa, desactiva, equivócate, resetea y vuelve a fracasar.

Se me ofrece la posibilidad de acompañar este proceso y yo solo pretendo que sea libre. Que destruya cárceles.
Hagamos algo para que la danza vuelva El Fuego, al accidente, al pánico; que haga jugar a mi madre, a los viejos del dominó, a los niños de la plaza.” Alberto Cortés